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Yo quiero ser la Comic Sans

5 Jun

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Una señora de aspecto agüita tibia estaba parada a mi lado esperando el bus. Esa necesidad irreprimible de hablar con extraños me llevó a conocerla: Qué frío tan tremendo, ¿no?
Ella, que ya estaba con un pie en el más allá, contestó con ese gesto único de la gente mayor que inspira entre sabiduría y hartura: Hay que abrigarse, hija, que ya empieza. Que ya empieza lo bueno.
Sentí la vibración del móvil en las ingles. Era Luisa, una amiga.
-¿Qué tal, nena?
-Acá, tomando el sol- dije.
-Boba. ¿Abriste el link que te mandé anoche?
Resulta que Luisa es diseñadora gráfica. (Eso que, con todos mis respetos, algunos artistas con talento estudian para empezar a perderlo)
Luisa me había enviado un link de una reconocida revista de diseño donde hablaban del boom de la Helvética y el boom anti-serif y el boom del reboom y tal.
Ya me tienen harta con la Helvética. Que si es perfecta, que si ahora Apple la usa en su nuevo sistema operativo, que si es de sistema, que si es elegante pero sencilla. La Helvética es la salvación, ok, entendido.
-Imagina que no lo abrí, Luisa. ¿Todo bien por casa?
-Nunca lees lo que te mando, tía.
-Las quejas a partir de las 10, por favor.
Después de colgar, la doña a mi costado comentó divertida (o envidiosa):
-Ahora vosotros, los jóvenes, os comunicáis para comentar cualquier tontería.
-Cualquier tontería, señora, así es. Demasiado nos contamos. ¿Será ese nuestro problema?
-Claro que sí. En mis tiempos…
-Perdone señora, pero me bajo en la próxima y quisiera hacerle una pregunta. Usted, ¿en qué se reencarnaría?
​-Vaya, pues no sé. A ver, no, no sé. ¿Ves? ¿Para qué esas preguntas? ¡No hay quien lo entienda! Vosotros los jóvenes pensáis demasiado. Todo os parece digno de ser cuestionado.
-Ya. Ya.
Me despedí de la señora anhelando que tuviera una muerte tranquila y sin remordimientos. Algo para lo que, definitivamente, no necesitaría mis buenos deseos. Me bajé del bus preguntándome en qué me reencarnaría yo, ya que ella no contestó a mi pregunta. Si fuera una tipografía, por ejemplo, pediría al dios de las reencarnaciones ser la Comic Sans y en mi profundo dolor por no ser querida más que por profesoras de jardines de infancia, esperaría llena de paciencia la dura caída de mi mayor enemiga, la “perfecta” Helvética.