Archivo | diciembre, 2011

Lo que el 2011 se llevó

28 Dic

Cuando llegan estas fechas, aparte de la maldita nostalgia navideña, entro en pánico con las metas del año siguiente y me siento exageradamente interesada en recordar todo lo que pasó durante los últimos 12 meses.

Hago memoria, recapacito, pienso, escribo… Cada año me toma más tiempo, cada vez lo hago con más conciencia.

Siempre he pensado que es muy complicado resumir lo vivido. Como cuando viajas un buen tiempo y al regreso, viene el típico humano sub-normal más o menos desconocido a preguntarte “¿qué tal el viaje?” entonces te quedas con cara de idiota pensando  ¿cómo mierda quieres que te cuente en una conversación de dos minutos cómo me fue en un mes? y dices “bien” o cualquier cosa parecida, cuentas una anécdota corta y sonríes. Bueno, al menos eso hago yo.

Entonces recordé mi buenísima capacidad de síntesis y pensé que seguramente se me hace tan fácil cuando no se trata de algo personal porque proceso material cero calorías: libre de sentimientos, emociones y demás pajas mentales.  Este pensamiento me hizo reflexionar sobre algo que hace tiempo descubrí… la mejor manera de recordar un trozo de vida es dando un paso adelante, saliendo fuera de mi para sentarme a mirar atrás como quien ve una película (o un mal comercial, de ti depende)

Hay años difíciles, hay grupos de años difíciles. Hay años dulces, años amargos, años marcados por una o dos maravillas o  por una o dos tragedias. Es tiempo que pasa, no tiene tanto misterio. Si no nos gustara contar el tiempo, no podríamos agrupar nuestra mierda o nuestra dicha para hacerla trascendental, no tendríamos excusa para deprimirnos o gritar desnudos en las playas del sur que somos felices.

Si hiciera el ejercicio usual: este año me fui de viaje, casi me vuelvo loca, tuve insomnio la mitad de los 365 días y engordé 3 kilos. Me compré un carro y lo vendí, conseguí un aument-ito de sueldo y conocí gente increíble. Perdí un par de amigos y aprendí a hacer cosas interesantes con mis propias manos. Si lo veo todo mezclado no veo nada pero si me pongo a juntarlo todo en sacos como normalmente se hace (saco de papas 1: cosas buenas, saco de papas 2: cosas malas) puedo luego pesarlos y decir:  “¡¡¡el 2011 fue un año de puta pena!!!” o… “el 2011 fue un año genial, a pesar de todo”

Pero ¿sabes? estoy cansada de sumar papas, de meter mi vida en sacos etiquetados solamente para luego poder medir y comparar. Comparar y volver a agrupar, como muchos hacen, para luego ser capaces de soltar frases estúpidas como “los años impares me van mejor” en conversaciones sin sentido con humanos sub-normales mas o menos desconocidos.

Me niego a seguir siendo una de esas personas.

He decidido que voy a seguir sentándome a ver las películas de mi vida como cada año, sean drama, comedia, superproducción o porno amateur, pero no pienso volver a juzgarlas porque por fin he aprendido que no hay nada más rico que atrapar en silencio las emociones que nos quedan después del cine. Sentir para seguir viviendo.

Feliz 2012

P.d. Si otra vez tuviste un año de mierda, no lo cuentes, el tipo que prepara los años va a creer que te estás quejando.

Los 5 peores momentos de la Navidad

15 Dic

Estaba yo viendo “Gamarra” en mi casa, sin prestar atención, por si sirve de algo decirlo, cuando me dieron ganas de fumar; busqué como desquiciada en mi bolso, mochilas y cajones y no encontré na-da. Me los olvidé en la oficina ¡¡¡¡por la ppppp!!!!

Antes de perder el control de mis actos por culpa de la ansiedad, se me vino a la cabeza un consejo para recuperar la calma:
Antes de comer, beber o fumar ¡escribe!

Así que prendí la laptop, entré a mi blog y oh por dios, no se me ocurre una mierda. El que pensó en ese consejo no contó con que cuando estás realmente inquieto, es complicado ponerse creativo. Así que recordé que una de las muchas cosas buenas de compartir depa es que siempre hay alguien ahí para darte un tema sobre el que escribir:

Vane, dime un tema, quiero escribir y no sé de qué…

Pasó un rato y lo dijo: Navidad

Así que ahí van los 5 peores momentos de la Navidad, según yo y mi ansiedad.

1. Uno de los momentazos de la noche es cuando empiezan a llegar los invitados. Suena el timbre y alguien dice: ¡Es Clarita!

Todos tenemos gente odiosa en la familia. Para algunos es un odio no confesado pero para otros es tan cantoso que da vergüenza ajena y en cualquiera de las dos versiones, es siempre un fastidio. Lo ideal es ser previsor, si tu familiar odiado es tardón la tienes fácil porque te da tiempo a acabar con el champagne emborrachándote a un ritmo perfecto, es decir, sin que el resto de la familia empiece a preocuparse por tu relación con el alcohol. Sí, para este caso, la única salida que conozco es estar ebrio.

2. El momento de los regalos… no hay Navidad en la que todo lo que te regalen te pueda gustar; es matemáticamente imposible.
Eso quiere decir que, tarde o temprano, vas a abrir el regalo malo, ese que sabes que lo abrirás y pensarás inmediatamente en cómo deshacerte de él. El problema no es el regalo en sí, sino la cara de iluso del familiar que lo compró / intercambió por chatarra / hizo con sus propias manos.
Está ahí, mirándote expectante, con su carita de buena familia diciendo Espero que te guste, me costó encontrarlo eh! Menos mal que un pajarito (mirada a tu vieja) me ayudó.
En este caso, mi consejo es la prevención: practica la sonrisa antes de salir, que no te coja desprevenido y ah! algo que no falla “usa” el regalo inmediatamente después de abrirlo.  Por ejemplo:

  • Gorrito de lana: lo abres y lo odias, pero apechugas; te lo clavas en la cabeza un tiempo promedio de 10 segundos, te miras en el espejo y le pides a alguien que te tome una foto. Fin.
  • Cartera de plástico que huele a plástico: te la pones, comentas que el color te pega con unos zapatos que te compraste hace poco y sonries un buen rato. Fin.
    Importante: todo esto se debe hacer siempre y cuando el pariente que adquirió el regalo malo no sea el mismo del punto 1, en este último caso… bueno no sé, estarás borracho, te va a dar igual.

3. La hora de los villancicos.  ¿Soy yo o todos queremos asesinar a los Toribianitos? los ODIOOOOO!!! Este es mi peor momento navideño: llevo horas escuchando el CD, soportando la cara de felicidad de mi madre cuando escucha una vez más las mismas canciones de mierda, intentando entender por qué sigo ahí sentada comiendo pavo, cuando derepente, a alguien se le ocurre la maravillosa idea de cantar juntos. Contra esto, fingir estar afónica desde antes de llegar a la reunión puede salvarte. Pero si te pasa como a mi con esto de la actuación, estás jodido. Cuando llega la hora del canto, se me pasan por la cabeza todos los momentos que creí vergonzosos en el año, los comparo con la realidad actual e intento huir; vuelvo a recordar mis vergüenzas, vuelvo a comparar, vuelvo a intentar huir, y así hasta que al abuelo le da un ataque de tos o si tengo más suerte, un buen hombre grita ¡las 12! Y justo acá llega el cuarto momento más terrible de la Navidad.

4. El niño dios es un muñequito, aceptémoslo. Llegan las doce y todos se volvieron locos. Respetos aparte, siguen pareciéndome terribles las caras de preocupación de la gente cuando destapan al muñeco o peor aun, cuando lo trasladan del “escondite” a la “cunita” porque ¡cuidado! acaba de nacer. No es broma, tengo tías que le ponen mantita  para que no se enfríe. Acá lo único que se puede hacer es tomar estas conductas y entenderte: que te sirva para comprender porqué ahora tienes tantos conflictos mentales, transforma ese momento de vergüenza ajena en horas de terapia ahorradas.

5. El último peor momento de la Navidad, es curiosamente, el que más disfrutan algunos. Te pongo en situación: terminaste de pedirle al muñequito unos favores cuando empiezas a notar unas manos que sobetean (si es que tuviste mala suerte con la familia, que seguro que sí)  Así es, querido lector, si lees esto entenderás cuando digo que las demostraciones de afecto en Navidad son la parte más incómoda de la noche.

¡Ahora resulta que todos me quieren!

Para esto lo mejor es mentalizarse con anticipación porque vas a tener que aceptar el cariño. Aunque, si eres de los que se enrronchan de tanto amor, te aconsejo usar el sistema escudo: “Cuidado tía, se me clava la cámara si me abrazas”, “el panetón me dio unos gasessss”o cualquier cosa que los mantenga a una distancia aceptable.

¡Provecho con la Navidad!

PD. Yo sigo con ganas de fumar 😦

En la “zona”

12 Dic

Un tipo que alguna vez intentó algo conmigo postea en facebook esa canción que tanto me gusta; esa que cuando suena, me vuelve totalmente susceptible al floro de casi cualquier hombre que me la dedique. Esa, va el muy puerco y pone esa.

Por un momento pienso: qué hubiera sido de nosotros si no le cortaba las alas desde el primer momento y en vez de clavarlo en mi friendzone particular a los diez minutos, le dejaba hablar un poco, lo invitaba a casa y mientras le buscaba el atractivo,  ponía cerca a sus manos la laptop, con el Youtube abierto para decirle “si ves qué tal, ponte una canción”

¿Qué hubiera sido?

Bueno en realidad no hubiera sido nada, porque ya puede revivir a Coltrane y pagarle para que nos toque algo en vivo en la cima de una montaña mirando la Aurora Boreal, que no lo iba a dejar de ver como lo que es: un amigo.

Hay amigos que eternamente serán amigos. Tipos que son excelentes pero simplemente no te los imaginas desnudos e incluso si los ves desnudos, no te animan. Es un hecho.

Aunque claro, también hay amigos que pululan en una zona misteriosa que no tiene nombre pero claramente se ubica entre la amistad y el deseo. Pongo acá un ejemplo, sacado (por supuesto) de la vida real de la amiga de una amiga:

Petra y Eder

Un chico nuevo llega a la vida de Petra, conversan en el almuerzo (mmm divertido, check), se rien (tiene algo este tipo…), se da cuenta que le interesa (entonces, ¿le voy o no le voy?), la mira fijamente cuando no debe con esos ojos marrón ramita (¿qué me mira tanto?)  

Petra no sabe muy bien en qué zona poner a Eder, no tiene claro si lo pasa de refilón al grupo de amigos o si lo deja en la bolsita de prospectos. ¡Ahhhh la sobrevalorada bolsita de prospectos!

Pasa el tiempo y la amistad que no es amistad del todo, se ve adolecida por el mal de la realidad: una tarde en un taxi, cual bofetón en la cara, una amiga que bien podría llamarse Clemencia, lanza la pregunta: ¿Y tú, Eder, tienes novia?

Los ojos inquisidores de Petra lo miran con una sonrisa falsa en la boca. De reojo, Eder mira a Clemencia. Clemencia, Silencio; Petra, miedo.

Sí, señores, el huevón de Eder tiene novia. ¡Siempre la tuvo!

Petra piensa qué hacer con esta temible información de último minuto, se decide y lo intenta, pero lamentablemente pasar a una persona del “limbo” a la bolsa de “amigos” es muy complicado. Falla en su intento de rescatar a Eder del purgatorio y cuando menos lo piensa, se ve condenada a tener un nuevo clavito eterno, ese chico que siempre le gustaría, qué le vamos a hacer…

Eder quedó para siempre en la duda y Petra, esperando:

a. Que la novia muriera pronto.
b. Que la novia fuera raptada por extraterrestres pronto.
c. Que la novia decidiera hacerse monja pronto.
d. Todas las anteriores.

Antes de irme a dormir, un consejo: saca a ese hombre del limbo  y decide rápidamente dónde meterlo de una maldita vez. Una vez ahí, no lo cambies más.

Buenas noches.

Odio Ripley

6 Dic

Un día cualquiera regresando del trabajo a la casa, Claudia no podía dejar de pensar. Empezó a imaginar el primer beso, tan romántico como imposible.

No la atropellaban de puro milagro.
Para ponerlos en contexto, Claudia es una de esas personas extremadamente detallistas que perfeccionan las ilusiones al máximo. En ellas siempre debe quedar todo definido: la ropa de él, el perfume de ella, el ambiente en el que se van a encontrar y su decoración, el color del labial que quedará impregnado en la camisa y la fuerza con la que la abrazará. Si se le escapa un detalle, rebobina la fantasía hasta conseguir que todo quede perfecto, como si se tratara de una película mala que necesita por todos los medios, reventar la taquilla.

El brillo en los ojos, el calor, el sabor exacto del vino que tomarán antes del suceso y todas las sensaciones de después, marcaban sus pasos y la hacían sonreir como tarada mientras caminaba ante la mirada sorprendida de la gente. Unas diez calles más paseando entre sonrisas y culpa por desear lo prohibido cuando de pronto apareció.

En sus palabras: yo estaba caminando feliz, pensando bonito, alucinando que me quería como yo a él cuando vi el semáforo en rojo y me paré  a que la vida se burle de mi. Alcé la mirada y vi un panel gigantesco que decía: “Sueña, es Navidad” 

Odio Ripley

Infiel

4 Dic

Se debe de haber escrito mucho sobre infidelidad pero yo he leído muy poco. Mi cultura al respecto se resume a la lavada de cerebro de las monjas en mi infancia, al odio a las resbalosas bien profesado por mi madre, a la experiencia propia y a varias pelis de esas que te hacen sentir culpable de solo mirarlas; sí, esas que consiguen que se te quede el miedo adentro: entras al baño, te miras en el espejo y parece que acabaras de volver de acostarte con el hermano de tu novio/a o algo similar… ojos de culpa que le dicen. Miedo puro.

Está la pareja cuarentona compuesta por dos divorciados. Los ves y piensas: de casarme, quisiera que fuese así. Relación modelo. Amor, respeto, cariño, pasión… él, buen cocinero, ella, guapa y divertida. Se conocen estando él casado, se enamoran, viven un año ocultándolo para finalmente irse a vivir juntos a otro país, lejos de las quejas de involucrados y chismosos. Los hijos por parte de él son ahora enemigos de ella, repudian la infidelidad y sienten lástima por esa mujer que, desde su punto de vista, rompió una familia.

Está también la mujer de más de cincuenta, eternamente enamorada del hombre de su vida: un vividor-miratetas. Tras veinte años de matrimonio y varios hijos criados, se descubre el pastel: el marido tiene otra y no, no es una canita al aire. La pareja se rompe, pero al poco tiempo vuelven a intentarlo, con dios sabe qué argumentos de por medio. Pasan unos años más y vuelta al ruedo. Investigación y desenlace, el hombre de su vida es un eterno mentiroso.
Él decide irse para siempre, se muda con su nueva mujer, antes amante, tras darse cuenta que es a ella a quien ama. Cierra un ciclo, abandona a la de cincuenta y se va dejándola más sola que la una, llena de preguntas sin respuesta.

Tenemos a la joven inestable, víctima de sus instintos, engañando a su prometido con ese chico que lleva toda la noche frente a ella. El placer de lo prohibido tiene nombre y es el suyo, el de la que no puede resistirse a esos ojos color coca – cola que se mueren por mirar en primerísimo primer plano los pedazos más recónditos de su tersa anatomía.  Ni veinte metros de distancia del cornudo, ella hace un gesto. Hay un cuartito escondido en la casa. Él entra primero. Se sienta sobre una mesa y se acomoda la camisa. Pasan dos minutos y se escucha Shhhh…  Típico puterío encaletado.

Sobre la infidelidad hay para escribir diez biblias pero hoy quiero resumir dos ideas.

Hay gente, normalmente con pareja y algún historial complicado, que piensa que si todo va bien en una relación, el respeto al otro es tácito. Su frase favorita podría ser: Cuando amas, no necesitas sacar los pies del plato.

Otras personas, un poco más sensatas para mi gusto, creen que la fidelidad perfecta no existe. Estas personas que no sueñan con un Señor Jesús flagelador, suelen preferir la soltería. Su frase podría ser: Si la vida son dos días, no pidas que solo los pase contigo.

Dentro de las dos corrientes de pensamiento hay muchas vertientes, quizás tantas como humanitos poblando la tierra. Así que nuevamente la verdad absoluta no existe.

Personalmente soy fiel creyente de la perfección de lo imperfecto. No juzgo y acepto ser juzgada porque me importa poco el juicio de los que juzgan demasiado. La fidelidad es un estado y como todo estado, no lo asumo permanente. Y tú, ¿ya jugaste a ser infiel?