Estaba yo viendo “Gamarra” en mi casa, sin prestar atención, por si sirve de algo decirlo, cuando me dieron ganas de fumar; busqué como desquiciada en mi bolso, mochilas y cajones y no encontré na-da. Me los olvidé en la oficina ¡¡¡¡por la ppppp!!!!
Antes de perder el control de mis actos por culpa de la ansiedad, se me vino a la cabeza un consejo para recuperar la calma:
Antes de comer, beber o fumar ¡escribe!
Así que prendí la laptop, entré a mi blog y oh por dios, no se me ocurre una mierda. El que pensó en ese consejo no contó con que cuando estás realmente inquieto, es complicado ponerse creativo. Así que recordé que una de las muchas cosas buenas de compartir depa es que siempre hay alguien ahí para darte un tema sobre el que escribir:
- Vane, dime un tema, quiero escribir y no sé de qué…
Pasó un rato y lo dijo: Navidad
Así que ahí van los 5 peores momentos de la Navidad, según yo y mi ansiedad.
1. Uno de los momentazos de la noche es cuando empiezan a llegar los invitados. Suena el timbre y alguien dice: ¡Es Clarita!
Todos tenemos gente odiosa en la familia. Para algunos es un odio no confesado pero para otros es tan cantoso que da vergüenza ajena y en cualquiera de las dos versiones, es siempre un fastidio. Lo ideal es ser previsor, si tu familiar odiado es tardón la tienes fácil porque te da tiempo a acabar con el champagne emborrachándote a un ritmo perfecto, es decir, sin que el resto de la familia empiece a preocuparse por tu relación con el alcohol. Sí, para este caso, la única salida que conozco es estar ebrio.
2. El momento de los regalos… no hay Navidad en la que todo lo que te regalen te pueda gustar; es matemáticamente imposible.
Eso quiere decir que, tarde o temprano, vas a abrir el regalo malo, ese que sabes que lo abrirás y pensarás inmediatamente en cómo deshacerte de él. El problema no es el regalo en sí, sino la cara de iluso del familiar que lo compró / intercambió por chatarra / hizo con sus propias manos.
Está ahí, mirándote expectante, con su carita de buena familia diciendo Espero que te guste, me costó encontrarlo eh! Menos mal que un pajarito (mirada a tu vieja) me ayudó.
En este caso, mi consejo es la prevención: practica la sonrisa antes de salir, que no te coja desprevenido y ah! algo que no falla “usa” el regalo inmediatamente después de abrirlo. Por ejemplo:
- Gorrito de lana: lo abres y lo odias, pero apechugas; te lo clavas en la cabeza un tiempo promedio de 10 segundos, te miras en el espejo y le pides a alguien que te tome una foto. Fin.
- Cartera de plástico que huele a plástico: te la pones, comentas que el color te pega con unos zapatos que te compraste hace poco y sonries un buen rato. Fin.
Importante: todo esto se debe hacer siempre y cuando el pariente que adquirió el regalo malo no sea el mismo del punto 1, en este último caso… bueno no sé, estarás borracho, te va a dar igual.
3. La hora de los villancicos. ¿Soy yo o todos queremos asesinar a los Toribianitos? los ODIOOOOO!!! Este es mi peor momento navideño: llevo horas escuchando el CD, soportando la cara de felicidad de mi madre cuando escucha una vez más las mismas canciones de mierda, intentando entender por qué sigo ahí sentada comiendo pavo, cuando derepente, a alguien se le ocurre la maravillosa idea de cantar juntos. Contra esto, fingir estar afónica desde antes de llegar a la reunión puede salvarte. Pero si te pasa como a mi con esto de la actuación, estás jodido. Cuando llega la hora del canto, se me pasan por la cabeza todos los momentos que creí vergonzosos en el año, los comparo con la realidad actual e intento huir; vuelvo a recordar mis vergüenzas, vuelvo a comparar, vuelvo a intentar huir, y así hasta que al abuelo le da un ataque de tos o si tengo más suerte, un buen hombre grita ¡las 12! Y justo acá llega el cuarto momento más terrible de la Navidad.
4. El niño dios es un muñequito, aceptémoslo. Llegan las doce y todos se volvieron locos. Respetos aparte, siguen pareciéndome terribles las caras de preocupación de la gente cuando destapan al muñeco o peor aun, cuando lo trasladan del “escondite” a la “cunita” porque ¡cuidado! acaba de nacer. No es broma, tengo tías que le ponen mantita para que no se enfríe. Acá lo único que se puede hacer es tomar estas conductas y entenderte: que te sirva para comprender porqué ahora tienes tantos conflictos mentales, transforma ese momento de vergüenza ajena en horas de terapia ahorradas.
5. El último peor momento de la Navidad, es curiosamente, el que más disfrutan algunos. Te pongo en situación: terminaste de pedirle al muñequito unos favores cuando empiezas a notar unas manos que sobetean (si es que tuviste mala suerte con la familia, que seguro que sí) Así es, querido lector, si lees esto entenderás cuando digo que las demostraciones de afecto en Navidad son la parte más incómoda de la noche.
¡Ahora resulta que todos me quieren!
Para esto lo mejor es mentalizarse con anticipación porque vas a tener que aceptar el cariño. Aunque, si eres de los que se enrronchan de tanto amor, te aconsejo usar el sistema escudo: “Cuidado tía, se me clava la cámara si me abrazas”, “el panetón me dio unos gasessss”o cualquier cosa que los mantenga a una distancia aceptable.
¡Provecho con la Navidad!
PD. Yo sigo con ganas de fumar