Estaba pensando…

25 may

Cruzando la avenida Javier Prado imaginé a un hombre en problemas.

Acababa de tener un accidente. Pierde una pierna. Tirado en un hospital llora junto a su esposa sus nuevos miedos y penas. Uno de ellos es grande: son una pareja joven, la mujer aun con la piel tersa. ¿Me dejará? ¿Cómo voy a hacer feliz a una mujer tan linda siendo un inválido? ¿Cómo va a desearme? ¿Cómo voy a hacerle el amor? ¿Cuánto tiempo aguantará a mi lado?

La preocupación (y la culpa), como ella le enseñó, son las dos palabras más inútiles conocidas. Lo recuerda y rompe su silencio. Ahora, una a una, ella debe contestar a las preguntas. Y le dice:

Hay un millón de razones por las que decidí estar contigo.
El amor no es la suma de ellas, sino la capacidad de convertirlas a todas y cada una en motivo suficiente para seguir a tu lado. 

Un abrazo, un beso, un recuerdo, tu voz, tus manos, tu sonrisa… una forma de hablar, cualquiera es todo.
El sonido de mi nombre cuando me hablas, por ejemplo, puede ser y es razón de sobra para quedarme donde estoy. Y como debes intuir, ninguna de éstas ni de todas mis razones puede acabar con otra. 

(Luego crucé)

Serán todas, Dani

24 may

No sé porqué necesito bajarle el volumen a todo cuando intento escribir, debe ser que si no, no escucho mis pensamientos.

Tampoco sé porqué necesito hablar en voz alta cuando escribo sólo con la mano izquierda, debe ser, quién sabe, que estar manca me hace sentir sola o sorda, o que me estupidiza de alguna manera… o como bien diría el Sr. Luminaria… serán todas, Dani, serán todas.

A ver, estimado, ¿cómo van a ser todas?

Cuando no tienes respuesta a algo, dicen, la respuesta es un mix de todas las posibles respuestas. Yo dudo mucho que sea así, pero funciona bien como consuelo para la ansiedad. Cuando la vida te puede y te quedas a medio camino entre la duda y la resolución de la duda. Puede ser útil, sí, pero ojito con abusar.

Puesto en ejemplo: amiga tonta A le dice a amiga tonta B “Fulano no me llama en toda la semana, ¿por qué será? hagamos mil hipótesis estúpidas juntas” Amiga tonta B responde… “será que anda ocupado…” y A “o molesto..” y B “o se enteró de algo…”, “o le robaron el cel y perdió mi número” “o lo pisó un elefante que se escapó del circo mientras venía a verte… o… no quiere llamarte” “mmmm no, será como dicen… un poco de todas las anteriores”

No pues.

Clásico buen consuelo convertido en consuelo de tontos.

Un lunes

24 abr

Descuelgo con flojera el teléfono que está a 50 cm. de distancia y marco el anexo que me conecta mágicamente, con el tipo raro de la cafetería. Miro al vacío mientras pienso en lo interesante que sería entender cómo se hizo realidad esta llamada, es decir, técnicamente.

La emoción del pensamiento me hace acomodarme en la silla, como si alguien bien trajeado con pintas de intelectual fuera a echar a todos de la oficina, para proyectar en la pared del frente la historia de las telecomunicaciones.  Espero a que contesten. Es un lunes de esos que cuestan tanto… días asaltados por pensamientos como la capacidad de enloquecer de la gente y ese no saber que viene después. Ansiedad por la vida.

Espero. Pienso en el parque y en mí corriendo en él, respirando mientras imagino que un filtro invisible me impide absorber la mierda del aire para dejar paso a una onda de oxígeno puro, como un recuerdo de épocas muy lejanas a mí y a mi cruda realidad.

Esta realidad a la que vuelvo cuando el tipo contesta sorprendido. (¿De qué tanto se sorprende?) Aterrizo y digo Davies, tráeme un Milky y una botella de agua por favor. Sí, sin helar está bien.

Antes de colgar, repito 3 veces el pedido. No sé si es que le gusta mi voz o si es sordo o si es lento o si es tonto.
Mientras repito Milky y agua, milky y agua, milky y agua, pienso a quiénes les voy a invitar un poco de mi chocolate.

Luego, a modo de autogol mental, me esmero en recordar cuántos trocitos de chocolate vienen en una barra de Milky. ¿Seis? Ok, supongamos que son seis.

Si regalo 3, el 50% de lo que me cuesta está siendo gastado en algo parecido a la caridad o precaución, por esto de no sentirme muy culpable después. ¿50% de reducción de culpa?, ¿50% de espacio ganado en el cielo?, ¿50% de gasto innecesario?, 50% de acuerdo. Finalmente decido regalar 2, consiguiendo reducir un poco mi culpa pero sin exagerar con la falsa caridad.

Al rato llega Davies a mi sitio, con el agua y el Milky, lo recibo con ilusión. Tomo un sorbo y abro el dulce ¿De verdad quería postre?
Un trocito para ti, otro para ti y otro para mmm, no el resto para mi.
Vaya lunes banal…

¿Cuándo parar?

26 mar

Había una vez una mujer que se retiró a una cueva en las montañas con un gurú. Quería, decía ella, aprender todo lo que pudiera saber.
El gurú le dio montones de libros y la dejó sola para que pudiera estudiar.
Cada mañana, el gurú regresaba a la cueva a verificar el progreso de la mujer.
En su mano llevaba un pesado bastón de madera. Cada mañana le hacía la misma pregunta.

“¿Ya has aprendido todo que se puede saber?”  Cada mañana, la respuesta de ella era la misma.
“No”, decía, “no lo he hecho”. El gurú entonces le pegaba en la cabeza con su bastón.

Esta escena se repitió durante meses.

Un día el gurú entró en la cueva, hizo la misma pregunta, escucho la misma respuesta y levantó su bastón para pegarle de la misma manera, pero la mujer cogió el bastón del gurú, parando su golpe en el aire. Aliviada de haber dado fin a los golpes cotidianos, pero temerosa de la represalia, la mujer volvió la vista hacia el gurú. Para su sorpresa el gurú sonrió.

Felicidades”, le dijo, “te has graduado, ahora sabes todo que necesitas saber.”
“¿Cómo es eso?”, preguntó la mujer.
“Has aprendido que nunca aprenderás todo lo que se puede saber”, le contestó.

“Y has aprendido a parar el dolor”

Lo que el 2011 se llevó

28 dic

Cuando llegan estas fechas, aparte de la maldita nostalgia navideña, entro en pánico con las metas del año siguiente y me siento exageradamente interesada en recordar todo lo que pasó durante los últimos 12 meses.

Hago memoria, recapacito, pienso, escribo… Cada año me toma más tiempo, cada vez lo hago con más conciencia.

Siempre he pensado que es muy complicado resumir lo vivido. Como cuando viajas un buen tiempo y al regreso, viene el típico humano sub-normal más o menos desconocido a preguntarte “¿qué tal el viaje?” entonces te quedas con cara de idiota pensando  ¿cómo mierda quieres que te cuente en una conversación de dos minutos cómo me fue en un mes? y dices “bien” o cualquier cosa parecida, cuentas una anécdota corta y sonríes. Bueno, al menos eso hago yo.

Entonces recordé mi buenísima capacidad de síntesis y pensé que seguramente se me hace tan fácil cuando no se trata de algo personal porque proceso material cero calorías: libre de sentimientos, emociones y demás pajas mentales.  Este pensamiento me hizo reflexionar sobre algo que hace tiempo descubrí… la mejor manera de recordar un trozo de vida es dando un paso adelante, saliendo fuera de mi para sentarme a mirar atrás como quien ve una película (o un mal comercial, de ti depende)

Hay años difíciles, hay grupos de años difíciles. Hay años dulces, años amargos, años marcados por una o dos maravillas o  por una o dos tragedias. Es tiempo que pasa, no tiene tanto misterio. Si no nos gustara contar el tiempo, no podríamos agrupar nuestra mierda o nuestra dicha para hacerla trascendental, no tendríamos excusa para deprimirnos o gritar desnudos en las playas del sur que somos felices.

Si hiciera el ejercicio usual: este año me fui de viaje, casi me vuelvo loca, tuve insomnio la mitad de los 365 días y engordé 3 kilos. Me compré un carro y lo vendí, conseguí un aument-ito de sueldo y conocí gente increíble. Perdí un par de amigos y aprendí a hacer cosas interesantes con mis propias manos. Si lo veo todo mezclado no veo nada pero si me pongo a juntarlo todo en sacos como normalmente se hace (saco de papas 1: cosas buenas, saco de papas 2: cosas malas) puedo luego pesarlos y decir:  ”¡¡¡el 2011 fue un año de puta pena!!!” o… “el 2011 fue un año genial, a pesar de todo”

Pero ¿sabes? estoy cansada de sumar papas, de meter mi vida en sacos etiquetados solamente para luego poder medir y comparar. Comparar y volver a agrupar, como muchos hacen, para luego ser capaces de soltar frases estúpidas como ”los años impares me van mejor” en conversaciones sin sentido con humanos sub-normales mas o menos desconocidos.

Me niego a seguir siendo una de esas personas.

He decidido que voy a seguir sentándome a ver las películas de mi vida como cada año, sean drama, comedia, superproducción o porno amateur, pero no pienso volver a juzgarlas porque por fin he aprendido que no hay nada más rico que atrapar en silencio las emociones que nos quedan después del cine. Sentir para seguir viviendo.

Feliz 2012

P.d. Si otra vez tuviste un año de mierda, no lo cuentes, el tipo que prepara los años va a creer que te estás quejando.

Los 5 peores momentos de la Navidad

15 dic

Estaba yo viendo “Gamarra” en mi casa, sin prestar atención, por si sirve de algo decirlo, cuando me dieron ganas de fumar; busqué como desquiciada en mi bolso, mochilas y cajones y no encontré na-da. Me los olvidé en la oficina ¡¡¡¡por la ppppp!!!!

Antes de perder el control de mis actos por culpa de la ansiedad, se me vino a la cabeza un consejo para recuperar la calma:
Antes de comer, beber o fumar ¡escribe!

Así que prendí la laptop, entré a mi blog y oh por dios, no se me ocurre una mierda. El que pensó en ese consejo no contó con que cuando estás realmente inquieto, es complicado ponerse creativo. Así que recordé que una de las muchas cosas buenas de compartir depa es que siempre hay alguien ahí para darte un tema sobre el que escribir:

- Vane, dime un tema, quiero escribir y no sé de qué…

Pasó un rato y lo dijo: Navidad

Así que ahí van los 5 peores momentos de la Navidad, según yo y mi ansiedad.

1. Uno de los momentazos de la noche es cuando empiezan a llegar los invitados. Suena el timbre y alguien dice: ¡Es Clarita!

Todos tenemos gente odiosa en la familia. Para algunos es un odio no confesado pero para otros es tan cantoso que da vergüenza ajena y en cualquiera de las dos versiones, es siempre un fastidio. Lo ideal es ser previsor, si tu familiar odiado es tardón la tienes fácil porque te da tiempo a acabar con el champagne emborrachándote a un ritmo perfecto, es decir, sin que el resto de la familia empiece a preocuparse por tu relación con el alcohol. Sí, para este caso, la única salida que conozco es estar ebrio.

2. El momento de los regalos… no hay Navidad en la que todo lo que te regalen te pueda gustar; es matemáticamente imposible.
Eso quiere decir que, tarde o temprano, vas a abrir el regalo malo, ese que sabes que lo abrirás y pensarás inmediatamente en cómo deshacerte de él. El problema no es el regalo en sí, sino la cara de iluso del familiar que lo compró / intercambió por chatarra / hizo con sus propias manos.
Está ahí, mirándote expectante, con su carita de buena familia diciendo Espero que te guste, me costó encontrarlo eh! Menos mal que un pajarito (mirada a tu vieja) me ayudó.
En este caso, mi consejo es la prevención: practica la sonrisa antes de salir, que no te coja desprevenido y ah! algo que no falla “usa” el regalo inmediatamente después de abrirlo.  Por ejemplo:

  • Gorrito de lana: lo abres y lo odias, pero apechugas; te lo clavas en la cabeza un tiempo promedio de 10 segundos, te miras en el espejo y le pides a alguien que te tome una foto. Fin.
  • Cartera de plástico que huele a plástico: te la pones, comentas que el color te pega con unos zapatos que te compraste hace poco y sonries un buen rato. Fin.
    Importante: todo esto se debe hacer siempre y cuando el pariente que adquirió el regalo malo no sea el mismo del punto 1, en este último caso… bueno no sé, estarás borracho, te va a dar igual.

3. La hora de los villancicos.  ¿Soy yo o todos queremos asesinar a los Toribianitos? los ODIOOOOO!!! Este es mi peor momento navideño: llevo horas escuchando el CD, soportando la cara de felicidad de mi madre cuando escucha una vez más las mismas canciones de mierda, intentando entender por qué sigo ahí sentada comiendo pavo, cuando derepente, a alguien se le ocurre la maravillosa idea de cantar juntos. Contra esto, fingir estar afónica desde antes de llegar a la reunión puede salvarte. Pero si te pasa como a mi con esto de la actuación, estás jodido. Cuando llega la hora del canto, se me pasan por la cabeza todos los momentos que creí vergonzosos en el año, los comparo con la realidad actual e intento huir; vuelvo a recordar mis vergüenzas, vuelvo a comparar, vuelvo a intentar huir, y así hasta que al abuelo le da un ataque de tos o si tengo más suerte, un buen hombre grita ¡las 12! Y justo acá llega el cuarto momento más terrible de la Navidad.

4. El niño dios es un muñequito, aceptémoslo. Llegan las doce y todos se volvieron locos. Respetos aparte, siguen pareciéndome terribles las caras de preocupación de la gente cuando destapan al muñeco o peor aun, cuando lo trasladan del “escondite” a la “cunita” porque ¡cuidado! acaba de nacer. No es broma, tengo tías que le ponen mantita  para que no se enfríe. Acá lo único que se puede hacer es tomar estas conductas y entenderte: que te sirva para comprender porqué ahora tienes tantos conflictos mentales, transforma ese momento de vergüenza ajena en horas de terapia ahorradas.

5. El último peor momento de la Navidad, es curiosamente, el que más disfrutan algunos. Te pongo en situación: terminaste de pedirle al muñequito unos favores cuando empiezas a notar unas manos que sobetean (si es que tuviste mala suerte con la familia, que seguro que sí)  Así es, querido lector, si lees esto entenderás cuando digo que las demostraciones de afecto en Navidad son la parte más incómoda de la noche.

¡Ahora resulta que todos me quieren!

Para esto lo mejor es mentalizarse con anticipación porque vas a tener que aceptar el cariño. Aunque, si eres de los que se enrronchan de tanto amor, te aconsejo usar el sistema escudo: “Cuidado tía, se me clava la cámara si me abrazas”, “el panetón me dio unos gasessss”o cualquier cosa que los mantenga a una distancia aceptable.

¡Provecho con la Navidad!

PD. Yo sigo con ganas de fumar :(

En la “zona”

12 dic

Un tipo que alguna vez intentó algo conmigo postea en facebook esa canción que tanto me gusta; esa que cuando suena, me vuelve totalmente susceptible al floro de casi cualquier hombre que me la dedique. Esa, va el muy puerco y pone esa.

Por un momento pienso: qué hubiera sido de nosotros si no le cortaba las alas desde el primer momento y en vez de clavarlo en mi friendzone particular a los diez minutos, le dejaba hablar un poco, lo invitaba a casa y mientras le buscaba el atractivo,  ponía cerca a sus manos la laptop, con el Youtube abierto para decirle ”si ves qué tal, ponte una canción”

¿Qué hubiera sido?

Bueno en realidad no hubiera sido nada, porque ya puede revivir a Coltrane y pagarle para que nos toque algo en vivo en la cima de una montaña mirando la Aurora Boreal, que no lo iba a dejar de ver como lo que es: un amigo.

Hay amigos que eternamente serán amigos. Tipos que son excelentes pero simplemente no te los imaginas desnudos e incluso si los ves desnudos, no te animan. Es un hecho.

Aunque claro, también hay amigos que pululan en una zona misteriosa que no tiene nombre pero claramente se ubica entre la amistad y el deseo. Pongo acá un ejemplo, sacado (por supuesto) de la vida real de la amiga de una amiga:

Petra y Eder

Un chico nuevo llega a la vida de Petra, conversan en el almuerzo (mmm divertido, check), se rien (tiene algo este tipo…), se da cuenta que le interesa (entonces, ¿le voy o no le voy?), la mira fijamente cuando no debe con esos ojos marrón ramita (¿qué me mira tanto?)  

Petra no sabe muy bien en qué zona poner a Eder, no tiene claro si lo pasa de refilón al grupo de amigos o si lo deja en la bolsita de prospectos. ¡Ahhhh la sobrevalorada bolsita de prospectos!

Pasa el tiempo y la amistad que no es amistad del todo, se ve adolecida por el mal de la realidad: una tarde en un taxi, cual bofetón en la cara, una amiga que bien podría llamarse Clemencia, lanza la pregunta: ¿Y tú, Eder, tienes novia?

Los ojos inquisidores de Petra lo miran con una sonrisa falsa en la boca. De reojo, Eder mira a Clemencia. Clemencia, Silencio; Petra, miedo.

Sí, señores, el huevón de Eder tiene novia. ¡Siempre la tuvo!

Petra piensa qué hacer con esta temible información de último minuto, se decide y lo intenta, pero lamentablemente pasar a una persona del “limbo” a la bolsa de “amigos” es muy complicado. Falla en su intento de rescatar a Eder del purgatorio y cuando menos lo piensa, se ve condenada a tener un nuevo clavito eterno, ese chico que siempre le gustaría, qué le vamos a hacer…

Eder quedó para siempre en la duda y Petra, esperando:

a. Que la novia muriera pronto.
b. Que la novia fuera raptada por extraterrestres pronto.
c. Que la novia decidiera hacerse monja pronto.
d. Todas las anteriores.

Antes de irme a dormir, un consejo: saca a ese hombre del limbo  y decide rápidamente dónde meterlo de una maldita vez. Una vez ahí, no lo cambies más.

Buenas noches.

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , ,

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.